Existe una idea equivocada sobre los sistemas de compliance que se ponen a prueba cuando llega una auditoría o una evaluación independiente. En realidad, su mayor prueba ocurre mucho antes, en las decisiones cotidianas que probablemente nadie revisará.
Es más sencillo actuar correctamente cuando existen procedimientos claros, controles que ayudan a prevenir errores y aprobaciones que permiten que las decisiones sean revisadas por más de una persona.
Pero lo realmente desafiante ocurre en esos espacios grises donde la norma, las políticas o los procedimientos no responden todas las preguntas y la decisión depende, principalmente, del criterio de las personas. ¿Informo este error aunque quizá nadie lo detecte? ¿Declaro este conflicto de interés a pesar de que no me beneficiaré? ¿Acepto la invitación que podría comprometer mi independencia? ¿Hago una excepción «solo por esta vez»?
La cultura de una organización no se mide por la cantidad de políticas que tiene, sino por la forma en que las personas responden a estas situaciones cotidianas.
Generalmente nos transformamos en “generales después de la guerra”. Analizamos escándalos, fraudes, malas decisiones y señalamos lo que se debió haber hecho, lo que no se observó o alertó; identificamos responsables e incluso culpables. Esperamos las investigaciones, los procesos penales y las sanciones.
Pero ¿y si conversamos también de las buenas decisiones que evitaron que ocurrieran errores, fraudes o escándalos? Por ejemplo, ¿cuántos trabajadores han rechazado una invitación porque podría generar un conflicto de interés aparente? ¿Cuántos equipos han preferido retrasar un proyecto antes que omitir un control, incluso frente a la presión de otras áreas? ¿Cuántas jefaturas han renunciado a un negocio porque implicaba aceptar condiciones dudosas o derechamente indebidas? ¿Cuántos directores han decidido no avanzar con un proyecto porque el riesgo reputacional superaba el beneficio económico? ¿Cuántas personas han utilizado el canal de denuncias porque confiaban en que serían escuchadas?
El compliance efectivo no es solo evaluar documentos y verificar, sino desarrollar una cultura de integridad, de confianza, donde las personas sean capaces de tomar buenas decisiones incluso cuando no existe una respuesta escrita y nadie los está observando.
Las buenas decisiones son consecuencia del ejemplo que entregan quienes lideran la organización y de la confianza que generan para actuar correctamente.
Quizás el indicador más importante de un sistema de compliance no sea la cantidad de políticas o controles que tiene, sino la cantidad de buenas decisiones que nunca necesitaron ser corregidas.
María José Alarcón, Directora de Compliance y Gobernanza de la consultora Eticolabora


